Las calumnias al honor universitario

Las calumnias al honor universitario

Por: Christopher Powers y Jocelyn A. Géliga Vargas

“Esta es una huelga irracional y sin sentido.”

Ygrí Rivera, Presidenta de la Junta de Síndicos de la UPR

“La calumnia es sólo el ruido de los sinsentidos.”

atribuido a Diógenes de Sínope, filósofo de la escuela cínica

Los estudiantes mantienen sus ojos y sus foros abiertos a pesar de los cierres de portones. Así, dan cátedras honorables a los supuestos dueños de su futuro. Ni la lluvia, ni el sol, ni la calumnia, ni la mala fe, ni las maniobras mediáticas de los que despilfarran los fondos universitarios y los del pueblo logran acallar sus voces, armonizadas entre todos los recintos, que claman por el derecho a una educación superior verdaderamente pública.

El jueves, 13 de mayo El Nuevo Día publicó un anuncio de página entera calumniando a los estudiantes del comité negociador de Río Piedras por su supuesta falta de “honor” al deshonrar, valga la redundancia, un supuesto “acuerdo” firmado. La mala fe del anuncio contribuye a la desinformación: aunque el público general que lee dicho periódico y fielmente lo considera como fuente de información fidedigna lo desconozca, aquellos que estamos al tanto de las negociaciones por vías menos comprometidas sabemos que las firmas reproducidas no ratifican ningún “acuerdo”. Estas firmas solo certifican que el documento redactado refleja los “entendidos” (muchos de ellos incipientemente desarrollados y claramente polémicos) que trazan la agenda de negociaciones pendientes para el futuro inmediato.

La masiva asamblea estudiantil que se dio cita hoy día en Río Piedras rechazó, contundentemente, este documento como medida para levantar la huelga dado que el mismo. NO representa una resolución honorable a los legítimos reclamos estudiantiles. La racionalidad de los universitarios convoca al país a “sentar cabeza” y debatir sensata y sensiblemente sus demandas colectivas.

Entonces, a pesar de las calumnias sin sentido, la huelga sigue: en Río Piedras, en Humacao, en Mayagüez y por ahí seguimos. Mas no perdamos de vista el hecho de que igualmente persistentes son las calumnias: que los estudiantes huelguistas son intransigentes, que son vándalos, que son una minoría, que son unos engreídos añoñados, que son deshonorables.

Como universitarios y como pueblo nos corresponde preguntarnos en esta coyuntura: ¿Qué es el honor y lo honorable?

Honorable sería que sumáramos nuestras voces en los portones de nuestros recintos para:

1. Presenciar y cultivar modelos de educación autónoma;

2. Participar en la democracia espontánea que se prende en los debates bajo el sol ardiente y se nutre de aguaceros torrenciales;

3. Enriquecer y vindicar los procesos de toma de conciencia que de allí emanan;

4. Fomentar la inteligencia y el compromiso con la justicia que allí se gestan, con una efervescencia vital que, desde la huelga, honra con suprema dignidad los objetivos de la educación pública universitaria en Puerto Rico.

De poco vale prestar atención al ruido de los sinsentidos. Mucho ganamos al escuchar las voces de nuestro honorable futuro estudiantil.

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