La sed estudiantil nos sacia

De la IUPI al RUM reverbera el mensaje de Mercedes López-Baralt

“Prohibieron el agua. Pero no pudieron, porque nadie puede, prohibir la sed”.

Eduardo Galeano

Por: Jocelyn A. Géliga Vargas, Depto. de Inglés, UPRM

Lo intentaron de nuevo. Esta vez mucho antes de que los estudiantes regresaran a los campamentos, o sus “aldeas solidarias”, para usar el término de una de las portoneras de La Vita, que han construido en SU universidad, esa que se empecinan en reclamar como NUESTRA.

La administración del Recinto Universitario de Mayagüez no aprendió la lección que sus pares en Río Piedras debieron haber aprendido hace más de una semana. El lunes, 24 de mayo, la administración del RUM acorraló a unos 3,000 estudiantes en un estacionamiento, poco más de la mitad de ellos bajo carpas y el resto al descampado. Por más de tres horas los mantuvieron allí: sin agua, sin comida y sin acceso a servicios sanitarios. Mientras se apiñaban los estudiantes para asistir a una asamblea ilegítimamente convocada por el Consejo General de Estudiantes, la prensa del país reportaba las inhumanas condiciones bajo las cuales se pretendía practicar la democracia.

En las afueras del corral construido por la administración del RUM para la asamblea en el estacionamiento del Edificio Darlington adjunto al Recinto, la policía mostraba sus fuerzas mientras el cuerpo de bomberos se rehusaba, una y otra vez, a responder a los insistentes reclamos de estudiantes, padres y profesores respecto a las medidas de seguridad (no) tomadas para la actividad.

Varios estudiantes y miembros de la prensa desfallecieron en su intento de participar en la asamblea. A su socorro acudieron brigadas de profesores y no docentes para intentar saciar la sed de los estudiantes. Les proveyeron agua para hidratarse pero evidentemente no lograron saciar otras sedes del movimiento estudiantil.

En estas opresivas condiciones la asamblea estudiantil del RUM se extendió por más de siete horas. Eventualmente se les permitió a los estudiantes salir del corral para procurar modos de saciar su hambre y su sed. Pero evidentemente esta “concesión” no sació su sed de justicia, que se manifestó en un voto abrumadoramente mayoritario en favor a la huelga estudiantil y sistémica.

Su sed y su empecinamiento en reclamar la Universidad como NUESTRA nos sacia. Nos demuestran que los jóvenes que encarnan este histórico mayo boricua no se rinden ante coartadas ni amenazas, sino que están dispuestos a nutrirnos y nutrirse, hidratarnos e hidratarse con los frutos de sus luchas.

La sed estudiantil nos sacia con esperanzas que convocan, contra viento y marea, o, más acertadamente, contra deshidratación e inanición, a unirnos, como universitarios y como pueblo, a sus esfuerzos por saciar nuestra acuciante sed de justicia.

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